CAPITULO 6
EL CORAZÓN
El corazón es realmente una doble bomba. Un lado del corazón bombea la
sangre en un sentido, mientras el otro bombea la sangre en otro sentido con dos
direcciones opuestas entre sí, pero se complementan y armonizan en forma
maravillosa. Lo más interesante es que los dos torrentes opuestos de sangre
bombeados por el corazón, no chocan, sino que mutuamente se ayudan a avanzar el
uno al otro.
El corazón es verdaderamente el sol de nuestro organismo. El corazón es
la maravilla más grande de la creación. Empero, existen personas eminentemente
cultas y educadas que no conocen la fisiología del corazón.
Es admirable contemplar el paso de la sangre por ese caudaloso río de la
aorta. Esa arteria realmente es un río caudaloso y bello. Nosotros nos llenamos
de admiración y beatitud mística al contemplar cómo ese gran río lleno de vida,
se ramifica en ríos menores, pequeñas arterias, y luego en riachuelos que
llevan la vida a todas partes para nutrir y dar vida a millones de criaturas microscópicas
(células, gérmenes, etc., etc.). Todas esas criaturas son un trío de materia,
energía y conciencia.
Todos esos seres de lo infinitamente pequeño nos adoran a nosotros como
a su Dios. Los riachuelos más pequeños de la sangre son los vasos capilares.
Dentro de la trama de estas redes capilares, se hallan las células de los
diversos tejidos y órganos.
Así pues, las células viven de los torrentes de sangre bombeados por el
corazón. Las células están compuestas de moléculas, y éstas de átomos. Todo
átomo es un verdadero universo en miniatura. Todo átomo es un trío de materia,
energía y conciencia. Las inteligencias atómicas están gobernadas por el átomo
Nous que mora en el ventrículo izquierdo del corazón.
Los átomos aspirantes del corazón obedecen órdenes del átomo Nous y las
transmiten a los átomos ingenieros que dirigen la actividad de cada órgano. Los
obreros atómicos de cada órgano obedecen las órdenes de los átomos ingenieros y
trabajan de acuerdo a esas órdenes.
También existen multitud de átomos indolentes que son los que causan las
enfermedades. El átomo Nous del Corazón trabaja bajo la dirección del átomo
arquitecto, y este último bajo las órdenes del INTIMO.
El corazón es un músculo hueco del tamaño del puño. Parece más bien como
una pera. El corazón se encoge y se dilata, se contrae y se relaja
incesantemente. Este es el flujo y el reflujo del gran océano de la vida. Toda
vida tiene su sístole y su diástole. Todo pulsa y repulsa, en todo existe un
ritmo, un pulso, así como en lo infinitamente pequeño, así también en lo
infinitamente grande. “Tal como es abajo es arriba”. “Tal como es arriba es
abajo”. Esa es la ley de la gran vida.
En el corazón existen dos polaridades maravillosas. Positiva-negativa.
Son como dos corazones bombeando incesantemente la sangre en dos direcciones
opuestas. Los dos compartimentos del corazón tienen cada uno dos cámaras, una
superior, otra inferior. Las cámaras superiores son las aurículas, las cámaras
inferiores son los ventrículos. La doctrina secreta reconoce siete cámaras
secretas en el corazón, y siete cavidades secretas en el cerebro.
Existe el ventrículo derecho y la aurícula derecha. Existe el ventrículo
izquierdo y la aurícula izquierda. Las cámaras superiores a derecha e izquierda
son las aurículas. Las cámaras inferiores a derecha e izquierda son los
ventrículos.
Meditando en el Loto del Corazón controlamos el Tattwa Vayú, y se nos da
poder sobre los vientos y huracanes. Dicen los Indostanes que la flor de loto
del Corazón tiene quince pétalos maravillosos. Todo el secreto íntimo del
funcionalismo del corazón, todo su fondo vital, debe buscarse en la flor de
loto de los quince pétalos cuyo tallo sutil dimana del templo-corazón.
La vena cava deposita en el corazón sangre llena de desechos orgánicos.
La aurícula derecha recibe todo ese torrente impuro y sabiamente lo pasa al
ventrículo derecho que está debajo. Unos instantes después el ventrículo
derecho bombea su sangre cargada de linfa y de desechos a través de su válvula
para hacerla pasar al interior del pulmón por medio de la arteria pulmonar.
La inteligencia cósmica no ha descuidado nada. Es interesante para el
sabio contemplar todo ese funcionalismo. Es maravilloso ver la gran arteria
pulmonar dividirse en dos arterias más pequeñas, una para cada pulmón.
Dentro de los pulmones las arterias pulmonares se ramifican también,
hasta convertirse en diminutos vasos capilares. Cada gota de sangre tiene que
pasar inevitablemente por los vasos capilares de los pulmones, donde entrega el
excedente de anhídrido carbónico, y absorbe en cambio el excedente de oxígeno.
La rica sangre oxigenada penetra inteligentemente en las venas pequeñas
y luego en las venas más grandes. Las dos grandes venas pulmonares depositan su
sangre rica cargada de oxígeno en la aurícula izquierda del corazón. La sangre
ha permutado su excedente de anhídrido carbónico, por oxígeno. Ahora la vida se
ha renovado. Desde la aurícula izquierda la sangre pasa al ventrículo
izquierdo, y luego pasando por la aorta bajo el impulso rítmico del corazón, se
vierte por último en todas las arterias y vasos sanguíneos. En todo este
trabajo podemos ver la íntima relación que existe entre Vayú el principio del
aire, y el corazón. No andan pues equivocados los yoguines del Indostán cuando
asocian a Vayú con el corazón. Esto nos está demostrando el profundo
conocimiento cósmico-Fisiológico, que poseen los orientales sobre el órgano del
Corazón. ¿Por qué los occidentales no quieren estudiar la Yoga oriental? ¿Por
qué quieren los occidentales reír de lo que no conocen? Seria mejor estudiar a
Sivananda el Gran Yogui. Eso sería más sabio. (La obra titulada Kundalini Yoga
de el sabio Indostán Sivananda es un portento de la sabiduría oriental).
Aquellos que quieran aprender a poner su cuerpo físico en estado de
Jinas, (Es decir aquellos que quieran aprender a poner su cuerpo físico dentro
de la cuarta dimensión) deben desarrollar el loto del corazón. Un yogui con su
cuerpo físico en estado Jinas, puede volar por los aires, caminar sobre las
aguas como lo hizo Jesucristo en el mar de Galilea, o pasar por entre el fuego
sin quemarse, como lo hacen actualmente muchos yoguines en la India. Un yogui
con su cuerpo físico en estado de Jinas puede atravesar las rocas do lado a
lado, como lo hacían los discípulos de Budha.
El loto del Corazón se desarrolla con la meditación y la oración. Dicen
los médicos occidentales que el corazón produce doce sonidos, uno grave y
sordo, y el otro sonoro y agudo. “Lub” “Dup”. Aseguran los fisiólogos que el
primer sonido se produce inmediatamente después de la contracción de los
ventrículos, y que el segundo, se debe al cierre de las válvulas que separan a
los ventrículos de la aorta y la arteria pulmonar. Los médicos indostanes van
más lejos, por que tienen sentidos más finos. Dicen los yoguines de la India
que en el corazón existen diez místicos sonidos.
El primer sonido es como la voz del HIJO DEL HOMBRE. El segundo sonido
es el CHINBINI. El tercero es el sonido de la gran campana cósmica. El cuarto
es el estruendo interno de la tierra. El quinto es el delicioso sonido del LAÚD
el sexto es el címbalo de los dioses. El séptimo es el de la Flauta encantada.
El octavo es el del bombo. El noveno el de un doble tambor, y el décimo sonido
es el de los siete truenos que en el Apocalipsis repiten las voces del eterno.
¿Si los dos sonidos escuchados por los médicos occidentales son ciertos?, ¿Por
qué los diez de los orientales no pueden ser ciertos?
Si los dos sonidos de los médicos occidentales están demostrados,
¿Porqué no podrían ser demostrados los diez sonidos orientales? Todo es
cuestión de procedimientos de demostración. Los occidentales tienen sus
procedimientos científicos de demostración. Los orientales también tienen sus
procedimientos científicos de demostración. El oriental se conserva mentalmente
y medita en los diez místicos sonidos. La mente oriental se absorbe en los diez
místicas sonidos, y entonces, esa nisus fomativus, ese cuerpo astral de los
médicos medioevales, dentro del cual están todos los principios anímicos y
espirituales del hombre, se sale el cuerpo físico extasiado entre los diez
místicos sonidos del corazón. Ese es el Shamadi de los Yoguis indostanes. Así
el yogui se transporta a los mundos más distantes del infinito.
El médico occidental en vez de reír y criticar cosas que no ha
estudiado, ni ha experimentado, debiera estudiar la yoga.
Dicen los indostanas que dentro del Chacra del Corazón, existe un
espacio hexagonal del color inefable de azabache. Allí resuenan los diez
místicos sonidos. El occidental se ríe de todo esto. Si los médicos
occidentales desarrollaran la clarividencia; ya no se reirían, porque verían,
los médicos saben fotografiar los latidos del corazón. El latido del corazón es
fotografiado con el aparato llamado Electrocardiógrafo. Es asombroso ver cómo
sincronizan totalmente sus latidos, todas las cuatro cámaras como sí únicamente
fuesen dos. Esto sólo es posible gracias al manojo de HIS. Este manojo de
nervios celulares, llamado también manojo atrio ventricular, sincroniza en
forma maravillosa y automáticamente, las dos aurículas en un sólo latido de
contracción débil, y los dos ventrículos en un solo latido de contracción
fuerte.
Si el Electrocardiógrafo es capaz de fotografiar los latidos del
corazón, ¿Cuanto más, vera aquel que desarrolla la clarividencia? Un mundo
nuevo se abre ante el clarividente. Un mundo infinito, un mundo lleno de
variedad incalculable.